martes, 15 de diciembre de 2009

COMENTARIOS y EXPERIENCIAS

Estimados docentes, como todos ustedes saben un equipo de jefes de Escuela de Rancagua ha supervisado dos sedes a nivel nacional.
La experiencia ha sido interesante desde el punto de vista que nos da el hecho de asumir un rol, (veedor imparcial), que comúnmente dejamos de lado cuando estamos inmersos en nuestros que haceres de jefes de escuela.

Al desarrollar el trabajo de supervisor, mirado desde una óptica, en la cual solo somos espectadores en una sala de clases y en la mayoría de los casos no existe un vínculo con el docente, nos damos cuenta de la gran cantidad de información que podemos reunir, para mejorar las clases, tanto en laboratorio como en salas.

Producto de esta pequeña experiencia obtenida en estas sedes llegamos a la conclusión, que la formación por competencia no es tema de finalidad dirigido exclusivamente a los alumnos, (los que deben aprender como resultado de la clase), sino que por el contrario es un tema actitudinal, constante y permanente que debe reflejarse en la actitud que adopta el docente, desde que comienza la clase hasta que esta termina, este ejemplo de consecuencia tiende a ser imitado por los alumnos, ó por una masa critica de ellos, que finalmente inducen a un cambio de comportamiento del grupo curso imitando la actitud del docente y aislando en forma natural a los detractores.

Hipótesis
En primer lugar debemos considerar que nuestros alumnos son personas comunes y normales, e independientemente del origen o razón social, (aciertos y/o falencias), son personas que desde el primer instante que ingresaron a nuestras salas de clases, tienen objetivos claros y están conscientes del proceso que acaban de asumir; sobre todo si consideramos las características particulares de nuestros alumnos del vespertino.

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